sábado, 2 de enero de 2010

Algún día

Algún día le diré a mi hija que conozca su cuerpo antes que cualquier hombre, para que aprenda sus secretos y la forma del placer. Le contaré que la Luna siempre guardará su corazón, que su piel es un lienzo en blanco, que el pelo crece, y el valor del carácter. Que a medida que envejecemos, necesitamos más de la gente que nos conocía cuando éramos pequeños.

Le diré que cuente los secretos que la mantuvieron despierta en las noches, y que no existe un mal momento para amar a alguien, pero sí una mala manera. Le enseñaré a viajar sin maquillaje, que a veces para siempre significa hasta mañana, y que a veces los confines de la Tierra pueden significar África o la ciudad de al lado.

Le diré que está bien temerle a las alturas. Le explicaré que la vida está esperando que cruce ese puente, esa muralla, que ese pánico que siente en su pecho está bien, que un amor la espera al otro lado, que el buen amor le agarra la mano mientras hablamos, y que el mejor amor es su propia voz al fondo de su amplia mente, diciendo “Podrás lograrlo, sólo no mires abajo”.

Si le preguntas...

No cree en emergencias, sólo en milagros
Pasa doce de cada veinticuatro horas practicando la inhalación perfecta, pero no ha dominado todavía la exhalación, por lo que usualmente pasa sus días caminando por ahí con todos sus deseos con polvo dorado todavía atrapados en sus pulmones. Si le preguntas, sólo te sonreirá, y te dirá que todavía no están maduros y que si no le importa que estén ahí, ¿por qué habría de importarle que la acompañen todo el día? Está convencida de que se mudarán el minuto en que estén listos para enfrentar al mundo.

Cree que observar nubes es exactamente como suena, pero preferiría perseguirlas hasta el horizonte y meterlas en sus bolsillos, porque ¿cuál es el punto de admirarlas si les vas a decir adiós cada vez? Una vez probó la misma teoría con cachorritos cuando tenía diez y devolvió al labrador con lágrimas en los ojos y la intención de intentarlo de nuevo. A veces la puedes ver rascándole detrás de las orejas al perro del vecino, con secretos en los ojos, elevando un dedo sobre los labios si te encuentra mirando.

Cree que enamorarse es para cuando ya uno está viejo. Preferiría que alguien se enamorara de ella y no al revés, y piensa que si es tan doloroso como dicen las canciones, más les vale que no le rompan el corazón. Dice que tendrá una segunda cita con el amor cuando encuentre un hombre. Si le preguntas, te dirá que ésa es una especie en extinción. Jura que una vez vio uno, pero salió corriendo junto con un gnomo antes de que ella pudiese pedirle su número.

Cree que la felicidad no es tan difícil de obtener, al contrario de lo que dice otra gente. Jura que la ve bailar a través de las cortinas todas las mañanas, y que cualquiera con un poquito de magia en las venas puede agarrarla con la cantidad suficiente de fe. A veces, la puedes ver echada en el pasto y si le preguntas, te contará los secretos que el Sol le estaba contando. Pero no le preguntes sobre sus conversaciones con la Luna, porque esas son personales.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Por mas que preguntes

Hoy no te amé tanto como otros días, y no, no es que haya dejado de amarte, solo no tanto. El cielo no fue tan azul pero fue más claro, y los jazmines no fueron tan blancos pero pude admirar más su perfume. Hoy dejé de enfocarme en ti, y cómo me sentía cerca de ti, y, después de tiempo, me vi.
Reorganicé mi lista de prioridades, y me puse a mí antes que a mi familia, a ellos antes que a mis amigos y a ellos antes que tú. No fui iluminada, ni me sentí liberada, ya que me siento muy bendecida contigo a mi lado, y no hay manera de que coartes mi libertad. Me sentí despejada, con los ojos desempañados y la mente clara. Aprecié mi presente y tuve un cara a cara conmigo. Me angustié y enojé bastante contigo, pero, como siempre, lo guardé, y nunca te enterarás de esto, ni de muchas otras cosas más.
Nunca te lo diré, por más que preguntes por qué.

Carta a corazones indecentes

Hola. Solo pasaba para agradecerte. Agradecerte por el tiempo que no estuviste conmigo. Gracias por las flores que no me regalaste, y por el cariño que no me hiciste sentir. Gracias también por el calor de tus abrazos y la pasión de los besos que nunca llegaron, y aquellos versos de amor que todavía tienes envueltos en tus labios.
Gracias por no compartir los latidos de tu corazón con el mío, por las caricias que mi rostro nunca pudo sentir.
Gracias por hacerme dar cuenta de lo mucho q valgo, y cuán poco valía para ti. Gracias por iluminarme y hacerme saber que merezco mucho más de lo que tú me puedes dar. Gracias por el amor que no sentí que me diste, el valor que a su tiempo no me supiste dar. Gracias por hacer de mí, sin quererlo, una mejor persona, una mujer más grande, un Yo más ideal. Gracias por dar paso a alguien más digno de mí.
Dicho todo esto, no me queda más que decirte adiós, y que en la vida te vaya como te lo mereces.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Cuento breve.

Y vivieron felices para siempre.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Caídas

Nunca me gustaron los números hasta que te vi haciendo matemáticas.
Y de alguna manera, entre las derivadas y la manera en que hacías que bailaran los cálculos, me enamoré de la precisión lógica de cómo sumaban, y de la poesía que tejías en gráficos con un lápiz detrás de la oreja y una sutil sonrisa curvando tus labios. Y cuando me sentaba en tus faldas, contaba los besos, multiplicaba el amor, dividía la distancia y restaba las inhibiciones. Fue entonces que decidí que me inclinaba a las exactas después de todo.

Nunca me gustaron las montañas rusas hasta que me subiste en una.
Y entre las abrochadas de cinturón y la agarrada de tu mano, me enamoré de la extraña sensación que da el vértigo en el estómago, y de la dolorosa belleza que hay en soltarse y darse cuenta de que estas volando en lugar de caer. Y cuando te miré y vi tu risa ser robada por el viento, me di cuenta de que me podría gustar perder el control y caer libremente después de todo.

Nunca me gustó la lluvia hasta que bailaste en ella conmigo.
Y mientras nos empapábamos y te tenía cerca con tu respirar vaporoso en mi cuello, me enamoré de la manera apasionada en que ametrallaba el suelo. Cuando te acercaste a mí y atrapaste mis labios, me encantó percatarme de que no me molestaba para nada cómo la tormenta rugía sobre nosotros, y que estábamos completa e indiscutiblemente solos después de todo.

Y nunca me gusto enamorarme hasta que tú me hiciste caer.
Y entre tropiezos y caídas, me embelesé del modo en que me atrapaste antes de que me raspara las rodillas y de cómo hiciste que fuera lo más hermoso que he podido presenciar. Y cuando me hiciste dar vueltas hacia la noche plagada de estrellas, y me alzaste en tus brazos pretendiendo besarme hasta borrar mis labios, decidí que, después de todo, me gustaba caer por ti.

jueves, 23 de julio de 2009

Esto es...

Imagínate esto, me dijo, pues es esto lo que es estar enamorado. Es como si hubieras estado tropezando hacia el mar abierto por toda tu vida, y acabaras de descubrir que puedes volar.


Y habiendo dicho eso, apuntó a las enormes nubes encima de nuestras cabezas, y vi lo que debían ser millones de personas con los brazos abiertos, flotando con la corriente del viento.